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¿Qué haría Miranda Priestly? A 14 años de El diablo viste a la moda

A 14 años del estreno de la comedia en stilettos, o el dramedy más influyente para la cultura pop, The Devil Wears Prada (El diablo viste a la moda) vive, aún, a través de memes. En 2006 sorprendió por ser la primera película que mostró el lado más desdeñable de la moda y, luego, lo humano en ella. En pocas palabras: era graciosa porque era real. Pero ¿qué ha cambiado desde entonces en la industria de la moda? ¿Cómo sería en pleno 2020?

Vuelta de página 

Ante las recientes protestas raciales en Estados Unidos, muchas empresas han tenido que revisar su discurso inclusivo, si acaso lo tenían. Vogue, la revista de moda más influyente de la historia, no estuvo exenta del escrutinio público. Incluso con toda la relevancia y el estatus icónico que tiene Anna Wintour, el presente exige responsabilidad ante una línea editorial, por decir lo menos, defectuosa. Incluso el poderoso personaje de Miranda Priestly (Meryl Streep) habría tenido que asumir los defectos reflejados en las hipotéticas páginas de Runway. Y no se trata de un asunto de una o dos ediciones. De acuerdo con una carta filtrada por Page Six, Anna Wintour envió un comunicado a su equipo editorial:

“Quiero decir claramente que sé que Vogue no ha encontrado vías suficientes para elevar y dar espacio a editores, redactores, fotógrafos, diseñadores y todo tipo de creadores negros. Además, hemos cometido fallos y publicado imágenes e historias que han sido dañinas e intolerantes. Asumo toda la responsabilidad por los mismos”.

No obstante, el mensaje ha encontrado denuncias y opiniones encontradas, como las recientes declaraciones de André Leon Talley, periodista y ex editor general de la revista, que apuntan a un mensaje de hipocresía. De acuerdo con las memorias publicadas por André (Las trincheras del chifón, 2020), colega y ex amigo de Wintour, revela la complicada relación que tenía con la editora, misma que le dejó “enormes cicatrices emocionales y psicológicas”, presuntamente, por su rechazo ante los problemas de peso de Talley. Ante estas acusaciones, pareciera que el mito de la editora estrella, tan bien retratado en el filme dirigido por David Frankel, se resiste a desaparecer.

Entre tanto, las grandes publicaciones de moda en el mundo se han mostrado solidarias con el movimiento Black Lives Matter, pero también atacadas por sus propios exempleados, colaboradores y aliados ante una táctica que parece conveniente ante las tendencias. El gran reto, sin embargo, será sostener su postura con acciones radicales que lleven a la industria hacia un verdadero cambio. De este momento crítico han salido a relucir viejos problemas de la moda, como la apropiación cultural en las colecciones o la falta de diversidad en campañas y pasarelas. 

Who runs the world?

El Diablo viste a la moda no es una película feminista, pero eso no significa que Miranda Priestly y Andy Sachs estuvieran al margen de las tensiones de género en la industria. De acuerdo con la historia basada en la novela de Lauren Weisberger, Miranda tuvo una serie de matrimonios fallidos a lo largo de su carrera, muestra de su probable incapacidad para encontrar el balance entre el éxito laboral y  la estabilidad en casa. 

Por su parte, las exigencias desmesuradas del trabajo de Andy (Anne Hathaway), entre otras cosas, le alejaron de su larga relación sentimental. En 2017 se dio a conocer una escena que fue retirada de la película, donde se muestra al esposo de Priestly llegar a la gran gala de la Semana de la moda. En una sola línea logra desacreditar a la mujer más poderosa del lugar. De acuerdo con comentarios de la crítica, esta escena pudo haber sido crucial para entender las frustraciones de la mujer de cabellos grises que arrojaba su Prada en el escritorio de la asistente en turno. 

¿Qué sabemos hoy sobre el género femenino en el negocio de la moda? Que siendo un mundo, en apariencia, femenina con el 70% de mujeres en el gremio y el poder de consumo en manos de las mujeres, solo el 14% de ellas se encuentra en cargos ejecutivos, creativos y con poder de decisión, lo dice un estudio publicado en 2018 por el Council of Fashion Designers of America (CFDA) en colaboración con la revista Glamour

El nuevo calendario de la moda
En una escena memorable, Emily se queja porque no podrá ir la Semana de la moda en París (cuando había normalidad y desfiles y gente reunida sin peligro alguno): “me niego a estar enferma, ¡usaré un Valentino!”. Hoy el mundo entero está atravesado por un virus que acaba con viejos rituales. Debido a la crisis sanitaria, los grandes Fashion Weeks de las Capitales de moda han sido digitalizados, cancelados o replanteados bajo nuevas posibilidades, entre lo físico y lo virtual (Mercedes-Benz Fashion Week Mexico City, en una primera edición digital, completamente transformadora en abril, un ejemplo). Sin mencionar que la propia sustentabilidad del calendario de la moda, con temporadas y su síndrome voraz, está siendo cuestionada por sus propios actores. Lo que en esa película nos ilusionaba —las luces encendiéndose para revelar la silueta de una modelo vistiendo el futuro— hoy nos causa un ceño fruncido y la posibilidad de cuestionar la existencia de la primera fila. Hola, futuro. Adiós, Emily.

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