México, destino del lujo

Nuestro país es uno de los mercados más dinámicos y relevantes en moda. Analizamos cómo llegamos hasta aquí a partir de las elecciones norteamericanas.

Por Loyda Muñoz

En abril, la plataforma especializada en moda, Business of Fashion, publicaba un artículo titulado “Mexico’s Luxury Market Might Actually Benefit From Trump”. En él, la periodista Lauren Sherman analiza el impacto positivo que han tenido las políticas del ahora presidente norteamericano, en específico, en el sector de la moda de lujo y en la industria mexicana.

Las estadísticas lo confirman: el mercado del lujo en nuestro país en 2016 equivalía a 3.5 mil millones, es decir, un 55% más que en 2011 (Euromonitor Internacional). México ha forjado un sector líder en Latinoamérica y a un consumidor interesado en el lujo, pero además, uno que está dispuesto a pagar un precio alto por diseño y tendencia.

Además de gastar en artículos de lujo como autos, joyería y viajes, los mexicanos compran marcas de moda. Las cifras de Euromonitor, consultora de mercados, muestran que el 40% de la facturación del mercado en general corresponde a ropa, calzados y accesorios de diseñador. Dichas cifras, también muestran que el mercado del lujo creció en un 11% y entre 2014 hasta 2019 tendrá un crecimiento del 34%.

Un indicador de ello es la llegada de marcas como Chanel, Dior, Saint Laurent o Blumarine a una de las zonas más relevantes de la Ciudad de México, Polanco. Por su parte, All Saints, marca inglesa que recientemente llegó a México, hizo una campaña que resaltaba y respondía todas las preguntas sobre su llegada: “I love México City”. En cada vídeo, vistazos a la atmósfera, la personalidad y la energía de la metrópoli.

Sin embargo, más allá de la apertura de firmas extranjeras y una especial atención a nuestro país (por diversos factores económicos que lo hacen el mercado más grande y el más dinámico) un fenómeno ha tomado fuerza desde la designación del presidente Donald Trump: consumir local.

Si bien no fue el inicio del boom mexicano, “México is the shit”, la chamarra viral diseñada por Anuar Layón, hizo un statement sobre la relevancia de la escena mexicana en todas las disciplinas —pasando por la moda, el arte, la foto, la gastronomía y hasta el cine—. No obstante, diseñadores como Benito Santos, Kris Goyri, Pineda Covalín o Carla Fernández proyectan las diferentes líneas de diseño que existen en la ciudad, pero que mantienen el halo tradicional que caracteriza los textiles nacionales.

Aunque son, quizás, las propuestas de los más jóvenes como Patricio Campillo, Cynthia Buttenklepper, Maison Manila y Anuar Layón entre otros, los que han materializado una propuesta original que refleja a una generación, es toda una industria en movimiento para probar autosuficiencia en todos los aspectos.

Tanto los creadores mencionados antes, como estos últimos han posicionado a México como un epicentro de tendencias, de frescura creativa (además de especializada, ya que muchos de ellos se han profesionalizado en el diseño) y de vistazos de independencia en el vestido nunca antes vistos en los últimos años. Asimismo, no hay que obviar la relación bilateral entre los países reforzada por acuerdos como el TLC, NAFTA, entre otros, que representa 304.6 mil millones en transacciones; tampoco se debe ignorar la relación comercial de nuestro país con otros 45 países.

Ya sea con tejidos típicos, rescate de tradiciones textiles milenarias, una apuesta por las culturas autóctonas y las urbanas, la moda mexicana ha abierto el diálogo sobre el presente, pero sobre todo, sobre el futuro de las generaciones venideras. Hoy México es el destino del lujo internacional. El reto ahora es aprovechar que los ojos del mundo nos observan y mostrar —más allá de demostrar— el talento que aquí habita, que aquí se transforma y que aquí se crea.

 

 

 

 

 

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