Greta Elizondo, belleza en movimiento

Delicadeza y fuerza. La danza clásica es una de las disciplinas ambivalentes que tiene el poder de hipnotizar a quien tenga en frente. Esa cualidad es parte intrínseca de las características de todo bailarín, lo ejecutores de un práctica legendaria. Platicamos con una de las solistas más reconocidas de la escena local: Greta Elizondo, que a sus 24 años tiene muy clara la pasión que siente por lo que hace.

Por Fashion Week México


“Nadie puede llegar a la cima armado sólo de talento. Dios da
el talento; el trabajo transforma el talento en genio.” — Anna Pavlova, bailarina. 

Listones satinados, agujas, unas tijeras y un hilo grueso. Un bolso de manta con seis o diez pares de zapatillas de ballet, unas más gastadas que otras. Toma unas “puntas” que aún tienen ese acabado satinado perfecto, también en rosa; sus manos las doblan, como si quisieran deshacer esa perfección. Pone a prueba la rigidez de la base presionando con el dedo pulgar. Recoge su  pelo en una coleta alta, ensarta la aguja y une el listón con el satín: una vuelta, un nudo, una vuelta, un nudo.

Greta Elizondo ha hecho esto desde hace quince años. Inició en el ballet desde los 8 años y hoy es solista para la Compañía Nacional de Danza. Sin embargo, preparar sus puntas es sólo uno de los pasos previos a los ballonné pas y a los fouettés. Greta sabe todo lo que conlleva ser bailarina profesional: despertar a las siete de la mañana, hacer pilates y, después, clases en la Compañía. Todo para conseguir fortalecer su cuerpo, mejorar su técnica y lograr mejores interpretaciones. Sin duda, un rigor que muy pocos logran alcanzar.

Encontrarse con una bailarina como ella no sólo significa emoción de escuchar las historias que tiene por contar, sino que, a pesar de belleza cálida y tranquila personalidad, Greta refleja una pasión regida por esa disciplina que automáticamente la convierten en una persona de movimiento elegante.

Mientras relata su rutina diaria, sus ojos azules miran fijamente la vuelta, el nudo y la vuelta de la aguja. Nacida en Monterrey, Nuevo León, Greta supo que la danza era su pasión y muy joven tuvo que decidir un futuro —que entonces parecía muy lejano— dedicado a las artes. Figuras como Aurélie Dupont, bailarina francesa cuyas interpretaciones evocan delicadeza, la inspiran para reinventarse cada vez que el telón se levanta. Más las conserva sólo como una inspiración porque “el punto de la danza es que cada interpretación sea diferente y que tenga su propia alma”.

Su interés por la interpretación va más allá del escenario, pues no toma a la ligera los papeles que le asignan, sino que hace una investigación de los personajes, del contexto y de la historia de cada puesta en escena para entender la psicología y los movimientos de cada uno. Pero sabe que cada esfuerzo vale la pena cuando se levanta el telón, entonces siente esa mezcla de adrenalina y nervios que provoca poner a prueba cada ensayo, cada clase. Aunque, Greta ha logrado encontrar una manera de equilibrar sus emociones: “encontrar un lugar, cerrar los ojos e imaginar todo lo que tengo que hacer: desde como se siente la duela, el tutú, las puntas, las luces, los aplausos y cuando salgo al escenario, es como si ya hubiera vivido esa parte, salgo más tranquila”.

Se quita el bolso de manta del regazo, guarda los listones sobrantes, las tijeras, las agujas y tira los hilos, el fino polvo que ha dejado la suela en la mesa. Comienza otro tejido: el de las tiras de listón alrededor de su tobillo, primero al frente y un cruce detrás. El ballet es un arte puro, poesía con el cuerpo. Lograr entrar en el mundo de una bailarina es un viaje por demás fascinante, pero Greta sabe muy bien que hay muchas personas que no reconocen el valor de la danza clásica ni en la cultura, que no creen que sea una profesión. También sabe los estigmas a los que se enfrenta (desórdenes alimenticios, psicológicos y muchos más), pero prefiere enfocarse en lo verdadero: la inmensa pasión de los bailarines, la fortaleza emocional que representa estar bajo escrutinio constante, recibir críticas y aún así, perseverar.

Bajo esa premisa, su blog, Another Pointe, pretende desmitificar al bailarín, eliminar percepciones de sílfide, de cisne o de criatura inalcanzable y, en cambio, presentar a las personas que tienen gustos, que estudian carreras universitarias o maestrías, que leen y que, como Greta, disfrutan salir de compras, por ejemplo.  La vida de una bailarina no inicia y termina en el escenario, aún cuando muchas de sus horas transitan ahí.

Las puntas rechinan, el listón se tensa, Greta se levanta en puntas y gira con pequeños pasos. Sus manos suben y bajan, como alas de cisne, como suaves plumas y sus manos rozan ligeramente su mejilla. El ballet es paradójico: cada movimiento es sutil, cada músculo requiere de fuerza infinita. Sin embargo, ella parece ligera y ágil, femenina y tierna. Entonces, ¿qué le da fortaleza? Levantarse ante la adversidad, “es ahí en donde deberías creer que lo puedes lograr todo”.

Dirección creativa y estilismo Daniel Herranz
Fotografía Eduardo García
Texto Loyda Muñoz
MUAH Aracely Zárate
Video Lola Films

 

 

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