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Hablemos de lo (a)moral

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Dos décadas de obras, de discurso, de carrera, han convertido a Carlos Amorales en uno de los artistas contemporáneos mexicanos más relevantes de nuestro tiempo. El azar nada tiene que ver aquí, sino una propuesta que conoce el lenguaje y entonces, juega con él, lo deconstruye, lo resignifica. Axiomas para la acción, un libro de Amorales que enumera las directrices de su obra es ahora también una exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo que huye de la retrospectiva y, en cambio, apuesta por mostrar las diferentes facetas del artista en distintas temporalidades.

 

Loyda Muñoz: ¿Cómo surge esta idea de hacer esta exposición?
Carlos Amorales: Fue a través de la invitación que me hizo el curador, Cuauhtémoc (Medina), es lo que llaman revisión de carrera, es como pensar que has hecho, realmente una especie de autocrítica y dar a entender que ha pasado a la mitad de tu carrera, un poco sobre lo que hice y qué quiero hacer, un momento que te permite pensar hacia el futuro. Lo primero que no quería hacer era historizar, ni tampoco convertir la obra en un fetiche, sino tomar la obra de una forma más libre, con más distancia y más fuego, pero a la vez forma parte de la propuesta que me hizo Cuauhtémoc que finalmente sí me lleva a pensar en mas de 20 años de carrera. Quise pensar cuál había sido la estructura con la que me guié estos años, cuál había sido mi investigación.

Y eso es lo que terminó siendo el texto de Axiomas para la acción, que no es realmente teoría pero son los conceptos con los que fui basándome e investigando, entonces eso le da un estructura más temporal, aunque es raro para una retrospectiva que hayan 4 obras nuevas o una reinterpretación de obras antiguas o bien, que falten un montón de obras que se suponen que son importantes. Creo que fue más pensada en relación a ese texto y de ahí escoger.

 

LM: ¿Cómo crees que ha cambiado la escena del arte contemporáneo en México?
CA: Tengo una visión extraña porque me fui 20 años a Londres, me distancié de gran parte de los años 90 y principios de los 2000. Sí pude ver esa escena y lo que estaba pasando, seguí al grupo de la Panadería, a muchos músicos como los de Titán y podía ver lo que hacían, pero no tuve esa experiencia profesional ni contacto, sólo lo vi por fuera y tengo una especie de laguna enorme en los años noventa mexicanos, venía una vez al año o cada dos años.

Siento que han habido cambios enormes, como la escena donde hay montones de galerías y museos, muchas cosas pasando a la vez, muchos participantes, casi como una escena a nivel global. Se siente que México es una de las capitales artísticas del mundo y en esa época era algo muy reducido, que empezó a surgir en los barrios como la Condesa con grupos muy pequeños.

 

LM: En otra entrevista mencionabas que México esta en un gran momento para el arte, ¿lo está?
CA: Es un gran momento porque están ocurriendo muchas cosas, pero contrario a los 90 cuando habían muy pocos artistas, también había mucho por descubrir. En esa década, como artista tenías un panorama enorme y fueron momentos muy experimentales en los que se rompieron muchos cánones, surgieron otro tipo de prácticas. Ahora es más una infraestructura que está muy bien armada: hay ferias, museos privados, muchas galerías, eventos anuales y demás.

Algo que me parece muy notorio es la cantidad de artistas extranjeros que vienen, de todas las edades. Creo que, como industria es mucho más grande y en un muy buen momento, si lo comparo con otras ciudades que tradicionalmente son ciudades del arte o si lo comparo con Latinoamérica, nuestro país es un centro muy fuerte, pero a la vez tampoco es esa sensación de gran descubrimiento que había hace veinte años. Creo que es muy relativo, sería una mentira si dijera que hoy es mejor que antes o al revés, pero sí creo que México ha ido cambiando con la globalización, se ha ido abriendo.

LM: Es una exposición itinerante que se monta de manera distinta en cada recinto, entonces, ¿cómo desestructurar el discurso y hacer que tenga un sentido?
CA: No tiene un discurso curatorial, es una especie de texto de sala introductorio que abre posibilidades, pero digamos que lo que se le puede dar a otra institución son la lista de axiomas, una estructura conceptual de la obra que yo definí, que podría interpretar algún curador como quiera y la lista de obra funciona como un menú. Así, esta persona puede tomar la lista de conceptos y la lista de posibles obras que pueden exhibir para armar su propia interpretación.

Esto permite que cada institución que tome, le dé un giro. Si la exposición le interesa a alguien enfocado en cine, puede elegir la parte de vídeo, para alguien que se interesa en lo pictórico, lo visual sería lo mejor. Esas posibilidades pueden potencializar que vaya cambiando y que no se vuelva una exhibición itinerante fija y autoritaria. Así, otras voces y autoridades puedan dar otras visiones de la obra.

 

LM: ¿Esto funciona igual para el espectador? ¿O la interpretación se condiciona por disposición de las obras?
CA: Mis obras no dan mensajes, ni a favor de esto, ni en contra de lo otro. Es una obra que tiene su propia lógica y se vuelve imagen, las imágenes son susceptibles a ser interpretadas de forma distinta por cualquier espectador, pero si muestras una obra en México, Europa o Estados Unidos, la cultura y la gente que ve eso, ve otras cosas, no necesariamente ven lo mismo en el mismo lugar, entonces la exposición hace una metamorfosis y permite otro tipo de lectura o enfatizar ciertas cosas.

En lo personal es una situación muy favorable como artista, porque en vez de montar cuatro veces la misma exposición idéntica en lugares distintos, que se vuelve muy tedioso, esto me permite en realidad inventar nuevas cosas. Hay todo tipo de museos, como los ultra contemporáneos, los que tienen una colección antigua increíble o una colección modernista, que permiten que los intereses en las obras se puedan conectar de cierta manera, siempre diferente. Obviamente va cambiando, por ejemplo, ahora están las mariposas negras, si la próxima exposición no las tiene va a ser otro tipo de exposición con sólo ese elemento ausente.

 

 

 

 

LM: ¿Qué piensas del público actual? ¿Piensas que esta estructura ha acercado a más gente al arte contemporáneo?
CA: Varía mucho con el tipo de museo, con la ideología que tiene el director, lo que me gusta del MUAC es que tiene a un público universitario porque está en la universidad, pero digamos que el programa esta muy pensado hacia un público no de una manera elitista. Puedes tener desde cosas muy complejas, hasta la expo de Anish Kapoor, pero hay una cosa que se va combinando y ha hecho que los públicos se vayan abriendo.

No creo que mi obra sea tan compleja, tampoco es tan pop, tiene elementos de los dos lados y la gente ha podido encontrarse ahí, hay piezas que se comunican mas directamente con el espectador y la gente se puede proyectar como con las mariposas negras que crean miedo, o gustan, o disgustan y todo es muy abierto en lo que la gente puede proyectar en ella, pero está la pieza de No me mires que dura 50 minutos y tienes que tomarte el tiempo de sentarte. A mí me gusta trabajar en ambos niveles, el arte no tiene que ser una cosa populista, tampoco fácil y digerible para todos, pero tampoco tiene que ser una cosa elitista que sólo unos cuantos iniciados puedan entender.

 

LM: Trabajas mucho con el lenguaje, pero también hay vídeo, música. ¿Cómo muta la forma en la que trabajas con el lenguaje en cada un los formatos?
CA: En realidad empezó mas como un lenguaje visual, que poco a poco se fue transformando en un lenguaje gráfico, primero encriptado y ya la última pieza de las groserías es totalmente abierta, muy intelectual sobre el lenguaje, es una pieza muy mental; quise hacer algo que comunicara fácilmente, que fuera figurativo, es decir hay figura humana y es legible porque es muy difícil decir algo, pienso de una forma mucho más general. Toda esta violencia y esta agresividad que hay y que se siente en las redes sociales, en el ambiente, lo que esta ocurriendo, lo simplifiqué y lo encontré con este archivo de imágenes de la Edad Media para después llenarlas de groserías. Se volvió esta cosa entre agresiva y chistosa, la gente se ríe mucho y tampoco acaba de ser violenta, pero tiene humor.

De ahí son pasos de algo muy mental, casi teórico, formalista, directo, casi vulgar. Me gusta mucho que la exposición no es una sola cosa, sino que, según vas cambiando los espacios, se va contradiciendo entre sí, se empiezan a poner las cosas en cuestión, ese tipo de contraste con las mariposas y las groserías, pensé más en la experiencia del público, cómo motivarlo y hacer que disfrute y piense y descubra a través de la exposición.

Exponer es un acto público, al momento que se exhibe en una sala de museo o galería, la obra deja de ser tuya, es algo que le das a los demás, en ese sentido es como apuestas o quieres de alguna forma que la experiencia del otro funcione. Ahí es donde entra el montaje, la experiencia del espacio, la dramaturgia de la exposición. El pensar en cómo el espectador recorrerá la exposición, lo que irá descubriendo, que es nuevo y que deja de ver para mí es muy importante, en el cine sería la construcción de la historia y como artista es lo mismo.

Es realmente una experiencia entre sensorial, emocional, mental y te va provocando muchas cosas. No sé que le queda a cada persona, al momento que alguien entra ahí es su responsabilidad, por eso no pusimos textos explicativos, para no mediar ni decirle a la gente qué pensar. En el fondo no hay un recorrido completamente pensado, pero sí hay una relación con la arquitectura que tú tienes que ir descubriendo.

 

LM: ¿Cuál es tu opinión de la censura en un mundo tan expuesto?
CA: Está muy pesado, creo que también por eso fue importante hacer la pieza de las groserías. Lo que me ha parecido interesante es que yo sí me esperaba que hubiera una reacción negativa y lo que note por comentarios que escucho es que en realidad les da risa y juegan con eso, se siente más como un espacio de libertad y no como una cosa provocadora. En el fondo ese es el ejercicio, darte el chance de decir las cosas, siento que eso es importante. Por otro lado todo lo que fue el encriptar el lenguaje tenía que ver con esa forma de auto censura. Es importante la libertad como persona y como artista.

 

LM: ¿Cómo se impregna México en tu trabajo? ¿Cómo te inspira?
CA: En todo. Creo que eso condiciona cómo ves al mundo, sus realidades, cómo te relacionas con el entorno. Yo me fui unos años del país, pero creo que es una esencia que se queda contigo.

 

LM: ¿Cómo se ve la obra de Carlos Amorales a futuro?
CA: Creo que haciendo esta exposición descubrí dos momentos que me gustaron mucho: las piezas de las groserías con mucha libertad, no sólo en las palabras, sino al pintar como una cosa mucho más manual y luego la pieza de los axiomas pintada con las manos, meter más el cuerpo. Por buen rato mi obra estuvo relacionada con lo digital, lo conceptual, el trabajar en equipo y las últimas piezas las hice yo, en una forma de implicarme personalmente con el cuerpo y lo disfruté un montón, sentí que retomaba algo que había dejado hace mucho tiempo.

Cuando me metí a estudiar empecé a hacer performance y obras con la computadora, me di cuenta que hay una riqueza enorme en eso, en el error, en la casualidad, en cómo salen las cosas, en lo físico y emocional y cómo se transmite la energía, como se transmite eso en la obra. Tengo ganas de explorar eso, no sé si eso será en los próximos 20 años, pero quiero seguir dibujando y trabajar en una forma más directa. Cuando eres joven y empiezas tu carrera, tu discurso se vuelve radical y he notado que, con el tiempo, me doy libertad y no importa tanto, en el fondo estoy muy contento de que la gente, en lugar de tomárselo tan en serio, disfrute porque le da un sentido muy positivo a algo.

 

Texto | Loyda Muñoz
Fotos | Luis Meza