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Hablemos de surrealismo

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La muestra más grande de la artista surrealista, Leonora Carrington, está en el Museo de Arte Moderno. Hablamos con los curadores de la exposición para descubrir los retos de hacer una restrospectiva que viaje más allá del tiempo y que, como la propia Carrington, transite entre la multiplicidad de mundos que caben en el Surrealismo, en la vida de una mujer amorosa, apasionada, adelantada a su tiempo.

LM: Esta es la exposición más grande que ha habido de Leonora Carrington, ¿cuáles fueron las razones que los llevaron a montar esta gran exposición y los procesos de reunir todas las piezas?
Teresa Arcq: La primera exposición era para celebrar el cierre de su centenario, de los cien años de su nacimiento y queríamos hacer una exposición muy diferente, vincular a Leonora con la nueva generación que no la conoce. Decidimos tener tres líneas my importantes, dos de ellas son el feminismo, esta veta feminista de Leonora, un feminismo muy encaminado a la conciencia, no a buscar la igualdad en términos de ser como hombre, como fue muy popular en los años 70, sino de igualdad de oportunidades a partir de la diferencia y del empoderamiento de la mujer desde su fertilidad, desde la intuición, de todas estas capacidades mágicas de las sacerdotisas y las diosas de la antigüedad.

Ella creía que, nosotros los humanos, éramos iguales que los animales, pero creía que los humanos éramos el peor animal que existe, ya que matamos a la misma especie. Otro tema con relevancia para nosotros fue la hospitalidad de Mexico en el fin de los años 20 y finales de años 40 cuando el presidente Lázaro Cárdenas abrió todas las fronteras, fue un momento muy importante porque llegó una oleada de personalidades a todo Latinoamérica. 

Son tres temas que para ella fueron muy importantes y, algo que nunca se había hecho, es mostrarla como una artista total, todas las facetas creativas en las que ella incursionó, que va mucho más allá de la pintura y escultura, también trabajó en tapetes, bordados, collage, acuarela, hizo objetos artísticos en colaboraciones con José Horna, como la cuna, las muñecas mágicas, un biombo y no podemos dejar de lado sus incursiones en literatura, teatro y cine.

Stefan van Raay: Ella fue una escritora muy importante y también estuvo muy involucrada con el teatro. Esta exhibición  hay aquí una obra inédita, y fue extra en películas mexicanas en los años 50 y 60. Y colaboró también con su hijo Gabriel en todo el diseño artístico de la película La Mansión de la Locura (Juan López Moctezuma, 1973), es una faceta bastante desconocida y lo que quisimos hacer es mostrar esto, no en el formato básico de una retrospectiva —obras desde su infancia hasta el último cuadro que pintó— sino que exploramos, además de estos temas, el feminismo, el reino animal que se pernea a lo largo de su trayectoria, dos temas constantes en su obra.

También escogimos temas particulares, momentos históricos como su inicio en el surrealismo, el momento de su llegada a México, donde se encuentra con este grupo de exiliados y se hace una especie de comunidad y colaboraciones artísticas, pero luego nos encontramos a la Diosa Blanca, un término que a ella le impactó muchísimo, que tiene que ver con todo este rescate de la imagen de las diosas de todas las culturas, que enmarca esta parte del culto a lo sagrado femenino, al mundo de la magia, de la alquimia, del tarot.

 

LM: ¿Cómo se conecta el feminismo de Leonora Carrington con lo que estamos viviendo hoy en día?
TA: Algo que es importantísimo, es que hoy se habla mucho de equidad de género, ya trascendió este momento feminista mucho más político para buscar otras formas de hacerlo. Lo que Leonora planteaba era un feminismo de la diferencia, pero luego de la integración. Para ella, las relaciones con los hombres eran fundamentales, porque creía que la mujer tiene esta parte intuitiva, de conexión para poder transformar el mundo, en el sentido de eliminar la violencia y crear un equilibrio, para ella era estar complementada con la parte masculina. Por eso, la idea del andrógino, la alquimia porque es la integración y todas estas doctrinas esotéricas y religiones antiguas, lo que ella buscaba rescatar y lo creaba en su propia historia y su mito, era justo cómo había sido el papel de la mujer y cómo se transforma a través de la conciencia, esto era muy avanzado para su época. Ella siempre se enfocó en el equilibrio, en la igualdad entre hombre y mujer, siempre habló de una persona, no de una mujer o un hombre. Esta era su idea sobre igualdad.

 

LM: Y en este discurso, ¿cómo se inserta la Leonora persona, sumida en los momentos tan extraños del amor, con todo su discurso como artista? ¿Cómo impactaba el amor en su trazo?
TA: Las cartas están en el contexto de las obras que la rodean, un momento en el que es artista y a la vez, ser humano. Se llevaron a su pareja a un campo de concentración, no sabía si lo volvería a ver, terminó en un hospital psiquiátrico, tuvo una vida compleja y todo este contexto se refleja en su obra.

SVR: La intención de las cartas es mostrar el por qué ese momento fue importante para ella. La experiencia de haber vivido la locura en Santander la transformó por completo, son elementos que ayudan a la integración y comprensión que esta detrás de la obra. Para ella eran muy importantes los hombres, incluso tuvo dos hijos y ella decía que las relaciones maás profundas en su vida fueron con hombres en busca de este equilibrio y armonización.

 

 

LM: ¿Cómo fue recuperar de a poco y reconstruir de la nada la obra de Opus Siniestrus?
TA: En realidad comenzó con una amiga de Leonora, amiga y mentora mía también. Ella me habló de este guión, lo leímos y nos pareció fabuloso. Entonces comenzó todo, hablamos y nos dijo que nunca se había publicado ni interpretado, que ella tenía algunas copias de los diseños de vestuario. Hablamos con quien iba a dirigir la obra en Nueva York, y hablando sobre el guión, nos contó que en una bodega del teatro estaban las máscaras de la obra envueltas en sábanas. Luego fueron apareciendo los dibujos y los diseños. Después nos invitaron a conocer un cuadro desconocido, el cual tenía casi todos los personajes de la obra, ese cuadro fue un regalo de Leonora hacia un director de teatro mexicano. El material fue apareciendo en distintos lugares hasta poder tener un panorama completo de lo que ella quería hacer. Para el libro que saldrá próximamente, esta amiga escribió todo un recuento de la historia de Opus Siniestrus, sobre lo que Leonora quería y cómo la visualizaba.

 

LM: Sobre la llegada de Leonora a México, ¿hay algún cambio en su obra de Leonora después de su llegada?
TA: Fue un cambio increíble en la vida de Leonora, por sus dos embarazos, ella comentaba que esta etapa fue la etapa mas fértil de su vida, también sus contactos con José Horna, estas mujeres fueron muy libres en México, nunca estuvieron a la sombra de los hombres surrealistas en México, crearon el surrealismo más femenino.

SVR: Salir de un país en guerra, escapar de la tutela de su mentor, separarse de todo el ambiente y las amistades, vínculos. En México como remedios y Katy tenían los mismos intereses, leían y explicaban las mismas cosas, se iban a los pueblos a conocer chamanes, entonces todo este dialogo tan importante entre ellas fue fundamental en como su obra se fue transformando porque ideológicamente exploraban muchos de los temas en común, al igual el ambiente de México que para ella resonaba mucho con el mundo celta, como las creencias de los naguales, los rituales de los muertos, toda la parte mágica que la nutrieron desde niña por su madre, su nana y su abuela quienes eran irlandesas, eso en ella resonó mucho, fue una cantidad de factores interconectados que hacen que la obra se transforme.

 

LM: Además de un discurso está trazado de una manera más amigable para el espectador, ¿cuál es el reto de montar una retrospectiva a cien años del nacimiento del artista en 2018 con una audiencia tan demandante?
TA: Yo creo que uno de los más grandes retos fue encontrar las obras y lograr que nos los prestaran, como el autorretrato del MET, nunca había estado en México. Sin embargo, la propuesta les encantó y tuvieron confianza, mucha de la obra era inédita porque también para nosotros era importante hacer algo nuevo en términos curatoriales en cuanto al discurso y los temas.

La investigación para encontrar piezas nuevas que tuvieran el dialogo con los temas que buscábamos y que los coleccionistas y museos estuvieran de acuerdo en prestarla tanto tiempo. La museografía fue una colaboración con los museógrafos y diseñadores del museo porque queríamos transmitir la atmósfera y el pensamiento de Leonora a través de esto, entonces es un recorrido que va cambiando de color, transitas por umbrales que te llevan de un mundo a otro, cambia la iluminación, hay todo un diálogo. La segunda sala esta concebida en forma de laberinto, porque el laberinto para Leonora era muy importante, podemos ver todos sus cuadros relacionados con el misticismo, la religión y el corazón de esa sala. Es el vínculo de Leonora con México, lo cual no se había explorado demasiado. Al último, se decidió hacer esta pequeña galería fotográfica, que data de sus dos amigas fotógrafas, en las fotos tenemos imágenes de cuando llega a México, de este grupo de amigos que formaban parte de este círculo, introduciéndonos también a la parte humana del artista.


Fotos | Luis Meza