CDMX

Condesa

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En la actualidad es sinónimo de efervescencia. Aquí sucede todo: arte, moda, diseño, arquitectura. Presente y futuro. En este recorrido, sus calles y sus edificaciones nos cuentan su pasado.

En 1927 empezaría su historia como la colonia Hipódromo Condesa. Antes su identidad pasaría por Hacienda Santa María del Arenal, una propiedad de la tercera Condesa de Miravalle en 1704 y una sede del Jockey Club hasta 1920.

 

Hoy es un punto de reunión para creativos, artistas, arquitectos, diseñadores, amantes de la gastronomía, de lo contemporáneo, entre muchos otros. Resulta natural. Al caminar por sus calles laberínticas, la mirada se cruza con galerías de arte, librerías, cafés, áreas verdes, bohemios que cantan en las calles y gente que también camina con libretas o libros bajo el brazo.

 

Sus edificios neoclásicos y art decó caracterizan la esencia de la colonia. Sus parque son un lujo —por su variedad, por su frecuencia, por sus encuentros—. Sus glorietas que parecen puestas en su lugar por mero accidente, pero que al rodearlas toman sentido con la arquitectura que les rodea.

 

Hay una forma que se repite en la colonia: el elipse. No sucede por accidente, sino por una planeación urbana que distinguiría el barrio del resto y que, de algún modo, mantendría esa esencia de hipódromo.

 

Sólo basta mirar el Parque México, el Parque España, las calles de Tamaulipas o Nuevo León. Diagonales, elípticas, confusas para aquellos estrenados en la zona, como una obra surrealista, parece que al entrar por una de las calles se puede regresar al punto de origen o terminar del otro lado.

 

Sin embargo, el corazón de la Condesa es Ámsterdam. Es significado y significante. Un circuito en forma de elipse con casas que deambulan entre épocas arquitectónicas, glorietas en los puntos más alejados del óvalo y corredores que lo recorren a todas horas del día y de la noche.

 

¿Cuál es el encanto de esta zona? No es necesario responder, sino caminar. La calma y el caos, el silencio que se alterna con bares o restaurantes, rincones perfectos para susurrar en la noche o cantar sin pena. La Condesa es encanto en sí mismo por su posibilidad de cambiar, de metamorfosis.

 

 

 

Texto | Loyda Muñoz
Fotos | Dano Santana