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Camino a Comala

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“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”.

En una de las calles de Santa María la Ribera se esconde un cachito de Comala, ese pueblo fantasma, ese universo literario de Juan Rulfo. Una fachada azul eléctrico destaca del resto de casas amarillas, blancas, de ladrillo que permean en la colonia.

 

A unos pasos de Camino a Comala, el aroma a café guía al instinto. Al entrar, el concepto del lugar suena familiar, pero único: una barra con presas francesas, granos de café y otros artefactos, una mini biblioteca, una esencia genuina de barrio, pero también de frugalidad.

 

La primera sucursal de este café está en la colonia vecina, San Rafael, pero decidieron que el encanto de Santa María —atemporal, vecinal y atípica en una zona tan cercana a grandes ejes viales— era el lugar perfecto para empatar la esencia de Pedro Páramo, o al menos su imaginario, en un sólo sitio.

 

Su café es una verdadera especialidad. Desde Huatusco, Veracruz, los granos de café de este lugar destacan por su pureza, la intensidad de su sabor y una aroma que lo impregna todo. Además, cada quincena recibe cafés de distintas partes del mundo, Etiopía o Burundi, que puedes disfrutar con distintos métodos de extracción del café. 

 

Camino a Comala 
Mariano Azuela 27, Santa María la Ribera, Ciudad de México