Ballet, belleza sublimada

Una mirada al universo del ballet a través de la Compañía Nacional de Danza.

Por Loyda Muñoz

Foto: Carolina de Luna

“Y, entonces tienes a las bailarinas de ballet clásico, son como sopranos.
Aplicadas a la danza”. —Ninette de Valois

Una fusión entre fuerza y delicadeza, entre disciplina y pasión. En cada fouetté, jetté y pirouette las puntas son protagonistas, mientras las bailarinas aparecen como seres sublimes. El ballet es una de las disciplinas que poseen una belleza inigualable, gracias a su técnica y todo lo que le rodea: música, vestuario y escenografía.

La Compañía Nacional de Danza es la gran impulsora de la danza clásica en nuestro país. En distintas épocas del año ponen en escena números especiales, es el caso de El Cascanueces, una adaptación de la pieza musical de Piotr Ilich Chaikovski, en la cual se reúnen valores navideños y que, al paso de los años, se ha convertido en un clásico en la agenda cultural.

La historia trata sobre el juguete nuevo de la joven Marie, un Cascanueces dado por su tío preferido, quien también es mago. A media noche, Marie descubre que su Cascanueces ha cobrado vida y que pelea con el Rey Ratón en su sala. Después de vencer al Rey, la lleva al Reino de los Dulces (poblado por muñecos) en donde hay más sorpresas.

La puesta en escena por la CND es genuina magia: los vestuarios de las bailarinas flotan con cada pirueta, la escenografía evoca paisajes casi oníricos que alternan bosques congelados, reinos de cuento y columnas forradas de un material que parece oro. Y, claro, a los costados del escenario donde todo pasa, dos Cascanueces gigantes que enmarcan cada acto.

El Cascanueces es, como lo dice Tihui Gutiérrez, profesora de la CND, “un matrimonio sublime entre la música, la historia y la coreografía, con lo cual se logra un ballet clásico y enigmático que la compañía presenta orgullosamente”.

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